Eicham la hija pequeña de Asia Bibi tenía nueve años cuando presenció como una multitud furiosa golpeaba a su madre bajo una acusación falsa de blasfemia contra el profeta Mahoma. Durante 9 años, Eicham ha visitado a su madre en el corredor de la muerte de una prisión de Pakistán. Eicham ahora de 18 años ha podido reunirse (junto con su hermana mayor y su padre) con su madre y empezar una nueva vida en Canadá.

Asia Bibi fue acusada de blasfemia tras una discusión que se originó al ofrecer agua a alguien que consideró que la bebida era impura ya que Asia era cristiana. Tras la discusión, Asia fue acusada de una blasfemia que presuntamente confesó a la misma multitud furiosa que se encargó de agredirla violentamente.

Muchos cristianos de Pakistán provienen de la casta de los “intocables” uno de los estamentos más bajos del sistema de castas tradicional del país. Esta posición de desventaja con respecto al resto de la sociedad les garantiza una especial vulnerabilidad con respecto a las acusaciones de blasfemia sin fundamento.

La blasfemia es tema de extrema sensibilidad en Pakistán. Los grupos conservadores musulmanes del país y figuras de gran relevancia cómo el primer ministro apoya este tipo de medidas a pesar de las múltiples manifestaciones y protestas en contra de ellas y el evidente uso desproporcionado que se hace de ellas y que afecta de forma severa a minorías religiosas cómo los cristianos. Del total de casos de blasfemia contra las enseñanzas del islam más de un cuarto eran acusaciones a cristianos.

Tras el encarcelamiento y la sentencia de Asia Bibi se organizaron manifestaciones en varias ciudades de Pakistán y el caso atrajo una gran cobertura de los medios de comunicación internacionales. Finalmente, tras diez años de lucha Asia Bibi fue declarada inocente de los cargos que se le acusaban y ha podido refugiarse con su familia, que han encontrado en Canadá asilo y la oportunidad de rehacer su vida fuera de peligro.

Mientras tanto Pakistán permanece el 5º país en la lista mundial de la persecución y la situación no tiene expectativas de mejorar para los cristianos del país. “Del número total a nivel global de personas que están encarceladas por blasfemia, la mitad se encuentran en Pakistán” decía Sam Brownback el embajador de los Estados Unidos para la libertad religiosa nivel internacional en una rueda de prensa este año.

La liberación de Asia ha sido verdaderamente un milagro y damos gracias a Dios por responder a tantas oraciones que se han levantado durante estos diez años, pero no podemos olvidarnos de nuestros hermanos que aún continúan viviendo en pakistán y que tienen que enfrentarse cada día a ser perseguidos por su fe.