La lucha contra el Estado Islámico (EI) es ahora la prioridad máxima de la comunidad internacional. El EI ha sido seriamente subestimado, no sólo por EE.UU. Le ha costado tanto a la comunidad internacional reconocer la amenaza del EI, y hacerles frente, que ahora parecen bastante bien instalados en su territorio recién ocupado.

Una de las causas principales de este fenómeno, es que los gobiernos occidentales no son lo suficientemente conscientes de que no hay una clara distinción entre las organizaciones islámicas moderadas y las terroristas, ni hay una distinción clara entre las organizaciones islámicas convencionales y las organizaciones islamistas (o islámico-políticas). Esta falta de conciencia es también un peligro para sus respectivas políticas domésticas con respecto a expresiones radicalizadas del Islam.

Vacilaciones

El titubeo inicial del gobierno de EE.UU. podría tener algo que ver con la idea de que apoyar a los islamistas "moderados” sería mejor que luchar contra los "terroristas”. Como se publicó en Gulf News Report (junio 2014), “El Presidente emitió personalmente la "PSD-11

” (Directiva Presidencial de Estudio) en 2010, pidiendo un asesoramiento sobre los hermanos musulmanes y otros grupos islamistas políticos, incluyendo al AKP en el poder en Turquía, concluyendo finalmente que los EE.UU. deberían cambiar de una política, ya de larga duración, que apoya la estabilidad en el Medio Oriente y en el norte de África (o sea, apoyo a "regímenes estables”, aunque fueran autoritarios), a una política de respaldo a los "movimientos políticos islámicos moderados”.

EE.UU. no es el único país que ha acariciado la idea de que dentro del islamismo (o el Islam político) se puede trazar una línea divisoria entre los grupos islamistas moderados y los grupos terroristas. Desde este punto de vista, se podría conseguir que los grupos islamistas moderados se abstengan de manifestaciones de violencia cuando se les ofrecen vías alternativas para expresar su disconformidad, vías que no requieren un recurso a la violencia para que sean escuchados. Cierto es que tal táctica no impediría los bombardeos de los grupos terroristas, pero sí podría frenar el alistamiento a las filas de nuevos reclutas.

En esta línea de pensamiento, lo que mejor explica la actividad islamista es la discrepancia, o la diferencia de opinión, que no se canaliza de la manera adecuada. Otros dicen que los agravios son lo que impulsa el islamismo. La discrepancia y los agravios representan sin lugar a dudas gran parte del panorama, pero enfocar el avance del islamismo sólo en estos términos resultaría demasiado restrictivo y se perdería un elemento esencial. De hecho, esta explicación del islamismo presupone frustraciones, y no refleja los motivos espirituales de muchos islamistas. Muchos querrían sinceramente servir al mundo al establecer un califato que trajese paz y abundancia de bendiciones al inclinarse todos ante Alá.

El discurso pronunciado por Abu Muhaamad al-'Adnani, el portavoz oficial del EI en Irak y del Sham (ISIS), refleja esta visión. Al-'Adnani anunció el cambio de imagen del grupo al denominarlo "Estado Islamico”, declarándolo como califato y a su líder, Abu Bakr al-Baghdadi, como el califa Ibrahim, en un discurso titulado “Esta es la promesa de Alá.” En el comienzo de su exposición dice: "Alabado sea Alá, el poderoso y fuerte. Y que la paz y las bendiciones sean sobre aquel que es enviado con la espada como misericordia para toda la creación.”

Es asombroso como el tono de su discurso –combinando un fuerte deseo de supremacía con la convicción de que el resultado final es lo mejor para todos si se someten– se asemeja al mismo talante del documento visionario del gran ideólogo de la hermandad musulmana, Yusuf al-Qaradawi, que fue escrito para aquellas organizaciones de la hermandad europea que se consideran como islamistas "moderados”.

(Qaradawi dedica una gran sección de su libro a la presencia de las minorías musulmanas en países occidentales).

Si los islamistas sinceramente promueven un impulso positivo para someter al mundo a Alá, la distinción entre islamismo "moderado” y "terrorista” no es tan relevante cuando pensamos en las estrategias para proteger al mundo de un fenómeno como el EI. De hecho, comparten la misma agenda. Lo cual implica que ninguna categoría del islamismo puede ser encaminada a una agenda que no sea sumisión del mundo a Alá, aunque las modalidades podrían diferir en el tiempo y el espacio.

Lorenzo Vidino, socio destacado del Center for Security Studies, ETH Zurich ha escrito un informe sobre "El Islam organizado en Europa Occidental: un intento para clasificar y evaluar su influencia.”

Vidino dice que "a lo largo de los últimos veinte años, el número de organizaciones religiosas islámicas ha aumentado considerablemente, una evolución estimulada por varios factores. En el mundo musulmán, el declive del nacionalismo, que se remonta a principios de los 70, coincide con una vuelta a varias formas de piedad islámica. En Europa, los inmigrantes de primera, segunda y tercera generación, luchando por ajustarse a la vida de occidente, también han visto en el Islam una forma de conservar la identidad cultural.”

Vidino representa a las organizaciones islámicas en Europa occidental como un espectro: (a) "secularistas extremos”, (b) organizaciones no religiosas creadas por individuos de trasfondo musulmán; (c) organizaciones religiosas "convencionales”, (d) organizaciones y movimientos que son cada vez más conservadores en su visión, pero no islamistas; (e) organizaciones islamistas. Las organizaciones islamistas (o islámico-políticas), que son la parte más radical del espectro, se subdividen a su vez entre "participacionistas”, los de oposición no-violenta y los de oposición violenta.

Aunque no se puede trazar un línea divisoria clara dentro de  la parte islamista del espectro, es muy debatible si esa línea pueda dividir esta parte islamista por un lado, y el centro y el centro-derecha del espectro por el otro lado. Según Vidino, "el centro del contiuum de las organizaciones musulmanas europeas está ocupado por las muchas organizaciones que abrazan una interpretación conservadora del Islam –obviamente con importantes diferencias entre ellas– pero que no persiguen activamente introducir las costumbres o leyes islámicas en el ámbito de lo público.” Vinido añade, "Si nos movemos desde el centro del contiuum hacia la derecha, podemos encontrar organizaciones y movimientos que son cada vez más conservadores en su óptica, pero no islamistas… Pero sus posturas sobre muchos temas son idénticas a las de muchos islamistas –o incluso más conservadoras en algunos casos. Las líneas divisorias en cuanto a esta y otras secciones del espectro se difuminan inevitablemente.”

Fragmentación

Vidino vincula su argumentación sobre el espectro islámico a la cuestión de la representatividad de las organizaciones de las comunidades musulmanas de Europa occidental. Vidino dice: "Debido a la fragmentación interna de la comunidad musulmana y la amplia renuencia de los individuos a afiliarse, ninguna organización musulmana de Europa occidental ha logrado atraer a una parte mayoritaria de la población musulmana relevante. Por ello, es muy difícil evaluar la popularidad de cada organización o determinar qué porcentaje de los musulmanes europeos corresponden a cada parte del arriba mencionado espectro.”

El informe de Vidino sugiere tres enfoques que podrían proporcionar al menos alguna idea sobre la popularidad de varias organizaciones musulmanas: la implicación del gobierno en la comunidad, patrones de voto y la popularidad de las ideas. Vidino considera que los enfoques de "implicación del gobierno en la comunidad” y "patrones de voto” son estándares relativamente objetivos por los cuales se pueden medir la popularidad e influencia de las organizaciones musulmanas europeas, a pesar de sus enormes fallas intrínsecas, mientras que medir la "popularidad de las ideas” es esencialmente intangible. Sin embargo, es a este nivel que la parte islamista del espectro se extiende hacia las organizaciones islámicas más convencionales - a través de las organizaciones islamistas “participacionistas” como son las organizaciones de la hermandad europea.

Según Vidino, las organizaciones islamistas “participacionistas” "han tenido un enorme éxito al ejercer su poder en las comunidades musulmanas –no a través de la membresía directa, que en general es bastante limitada, sino a través de una hegemonía cultural difusa. No todos los asistentes a las conferencias de las organizaciones islamistas “participacionistas” acogen su visión, pero algunos sí. Y no hay otras organizaciones islámicas que tengan los medios para organizar eventos de una envergadura parecida a los de las organizaciones islamistas “participacionistas”. Si un joven musulmán o un converso potencial quiere conocer más sobre el Islam, es más probable que el o ella tengan fácil acceso a una publicación islamista “participacionista” (en especial de las organizaciones afiliadas a la hermandad europea) que a las de otro grupo islámico.”

Vidino concluye que "Mientras que su membresía se ha mantenido reducida, las organizaciones “participacionistas” islamistas han mostrado una gran habilidad para monopolizar el discurso islámico, convirtiendo su interpretación del Islam quizás aun no en la mayoritaria, pero al menos, en la más asequible, y poniendo su sello ideológico en cualquier tema relacionado con el Islam, ya sea estrictamente religioso o más bien político. Conceptos y posturas introducidos por las organizaciones “participacionistas” islamistas han sido asimilados, a menudo de forma inconsciente, por una gran parte de la población musulmana europea, con independencia de sus puntos de vista religiosos o políticos.”

Por lo tanto, los gobiernos occidentales deben ser conscientes de que no existe tal distinción entre organizaciones islamistas moderadas y terroristas, ni una clara distinción entre organizaciones islámicas convencionales y organizaciones islamistas (o islámico-políticas). En su lucha contra el EI y al enfrentarse a los yihadistas retornados, al igual que para impedir que futuros yihdistas salgan de su país, los gobiernos occidentales no deberían dirigirse a cualquier organización no terrorista que conozcan con la pretensión de una "compensación moral”, creyendo que son radicalmente diferentes de las organizaciones terroristas.

Los gobiernos occidentales deberían poner la atención en los conceptos clave que son un lugar común en todo el espectro islámico –shari'a, jihad, kafir– y comunicar claramente aquello que aceptan y aquello que no, a través de todo el espectro. Sólo entonces podrá mantenerse un grado razonable de coexistencia entre los pueblos, y se garantizarán los fundamentos del multiculturalismo en Europa occidental, al igual que en otras naciones democráticas.