Esta es mi segunda visita a las dos mujeres en un breve lapso de tiempo. Al entrar en su sencilla casa de ladrillo de dos habitaciones me di cuenta de que la enorme bolsa de cartas que les entregué en mi visita anterior estaban contra la pared. "Todavía no hemos revisado todas las cartas que nos diste la última vez, pero vamos leyendo cartas nuevas cada día, ¡y siempre nos refrescan el ánimo!”. 

Mellina junto a la enorme bolsa de cartas de todo el mundo.

La última vez que nos vimos, Hadija y Mellina habían viajado hasta Kampala para encontrarse conmigo. Recuerdo que las había esperado en el parque de autobuses, pensando que estarían cansadas después de un largo viaje, pero parecían llenas de energía y felices por la aventura. Y que Hadija, que hoy tiene 15, quedó hipnotizada por todo lo que implicaban nuestras actividades. Cuando se dio cuenta de que la estaba mirando, se rió tímidamente. Mellina la abrazó y comentó: "Esta es su primera vez en Kampala".

Desde allí nos dirigimos al hotel donde yo me hospedaba en esos días. Recuerdo cómo, cuando abrí la puerta de la pequeña habitación que alquilaba y le mostré a Mellina las tres maletas llenas de cartas que había traído, ella apenas podía creer lo que veía: "¿Es todo esto para Hadija y para mí?" Cuando asentí, las lágrimas brotaron de sus ojos mientras le hacía una seña a Hadija para que se acercara y echara un vistazo. Y recuerdo cómo, después de abrir con cuidado las bolsas, se sentaron en el suelo e inmediatamente comenzaron a leer detenidamente las cartas. Mellina leyó algunas en voz alta, pero Hadija era demasiado tímida. Pero su alegría era obvia cuando vio que gente de todo el mundo oraba por ellas. Algunas cartas tenían diseños relucientes, y las dos mujeres se asombraron al hacer que los diseños capturaran la luz que entraba por la ventana y se reflejasen en la pared. "Compraré un álbum de fotos para poner las imágenes como recuerdo", decidió Mellina en ese momento.

Recuerdo cómo Mellina explicaba que las cosas siguen mejorando en la relación con el padre de Hadija: él se separó de la esposa que ha sido responsable de gran parte del sufrimiento de Hadija, y ha dado su bendición para que permanezca con Mellina y continúe con su educación. Incluso hizo una contribución financiera. Su hostilidad hacia su cristianismo también ha disminuido en gran medida.

Más tarde, colocamos las cartas en dos bolsas grandes para que se las llevasen a casa al día siguiente. "Pondré algunas en mi mochila para leerlas de camino a casa".

En esta segunda visita, he venido para darles el resto de cartas que recibimos para ellas. Mellina y Hadija se han mudado recientemente desde pueblo en el que las conocimos por primera vez a una ciudad más grande por la misma zona, para buscar mejores oportunidades de trabajo, y de momento trabajando Mellina en un puesto temporal. Y Hadija asistiendo a un internado a 41 kms de su pueblo para cursar sexto de Primaria.

Hadija y Mellina con una de los cientos de cartas recibidas.

Al día siguiente viajamos allí, y llegamos a la escuela en medio de una lluvia torrencial. Pero por encima de la lluvia, se oía una gloriosa canción de niños desde la capilla de la escuela. Después de que Hadija me recibiese con su cálida sonrisa, me llevó a su aula. Y allí le entregué algunas de las cartas que traje conmigo, y se repartieron entre todos. Hablando suavemente, y tímida como siempre, Hadija volvió a decir cuánto significaban las cartas para ella: "Cuando las leo, me siento bien". Su amiga Biira me dijo: "Hadija me dio una de sus cartas para leer. Me sentí feliz y la carta fue muy alentadora ". 

No pudimos pasar demasiado tiempo, porque era la hora del examen, y teníamos que estar de vuelta pronto. Cuando volvimos a su casa, Mellina me dijo: "Estas cartas me han animado a decirle a la gente lo que Dios ha hecho por nosotras. Han sido un estímulo para mí y para Hadija, pero también para otras personas de la comunidad ". Una de ellas es la hermana Jay *, a quien Mellina conoció en el trabajo. Visita a Mellina casi a diario, aprende de la Palabra de Dios y recibe estímulo de las cartas que Mellina comparte con ella.

Cuando Jay llegó, me dijo: "Estuve casada con un hombre musulmán. Él me animó a convertirme en musulmana. Cuando me negué, quiso matarnos a mí y a los niños. Mellina es de mucha ayuda para mí”.

La hermana Jay no sabe leer, pero no importa porque Mellina lee y traduce para ella. "Ella trae cartas para mí y hasta me anima mucho con las palabras de Dios". Al final de nuestro tiempo juntos, había una cosa más que las dos mujeres querían decir: "Gracias a cada uno de los que nos han escrito. Bendiciones. Gloria a Dios."

*Nombres cambiados por motives de seguridad

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