Moussa, de 31 años, escuchó el Evangelio a través de un amigo el pasado diciembre, quien le dio un Nuevo Testamento en árabe. "Descubrí algunos versículos que contrastaban completamente con lo que sabía del islam y, cada vez que buscaba explicaciones de los imanes, sus respuestas eran insatisfactorias", dice Moussa a un compañero de Puertas Abiertas.

Después de pasar un tiempo estudiando el Nuevo Testamento, Moussa concluyó que había estado viviendo en la ignorancia, y que la verdad se encontraba en la Biblia. Pero la persecución llegó antes incluso de hacer su confesión de fe.

Moussa y su esposa Mariam, de 24 años, y sus dos hijos de 1 y 7 años, vivían con sus padres, quienes notaron que Moussa se había vuelto demasiado atento con el Evangelio y con frecuencia expresaba dudas sobre el islam. Un día no pudieron aguantar más y le dijeron que se fuera de casa.

"Me fui con solo la ropa en la espalda", dice Moussa. Los padres de Mariam también actuaron rápidamente y se llevaron a Mariam y los niños a vivir con su hermano mayor, lejos de allí. Pero Moussa no solo perdió a su familia. También perdió todos los medios para obtener ingresos cuando confiscaron una motocicleta que usaba con fines comerciales, una motocicleta personal y alimentos que tenía almacenados.

Un perturbado Moussa buscó ayuda de una iglesia evangélica. Lo aceptaron y le dieron discipulado. Fue entonces que decidió dedicar su vida enteramente a Jesús. La iglesia recaudó algo de dinero y alquiló una habitación para Moussa. También le dieron algo de ropa y ropa de cama. Pero no mucho después, sus perseguidores le atacaron nuevamente. Un grupo de familiares irrumpió en su habitación y quemaron todas sus pertenencias.

La iglesia le buscó otro lugar. Mariam, que también se había interesado por el Evangelio, también se enfrentó a la persecución. Poco después de ser separada a la fuerza de Moussa, le envió un mensaje diciendo que quería saber más. La iglesia ayudó a Moussa a obtener una copia del Nuevo Testamento y otros libros cristianos para ella, y se los hizo llegar.

Debido al riesgo de guardarlos en casa, Mariam escondió los materiales en las montañas para leer en secreto. Pero su hermano estaba con ella y notó que se escapaba varias veces. Un día la siguió y la sorprendió leyendo la Biblia. Cogió una rama de un árbol y comenzó a golpearla hasta que le rompió el brazo derecho.

Milagrosamente, la familia permitió a Moussa finalmente visitar a Mariam y a los niños, y les pudo ofrecer ayuda y dinero para que Mariam fuese a un médico. Pero aun así, Moussa quiere tener un medio de ingresos estable antes de buscar la forma de devolver a Mariam y sus hijos al lugar que les pertenece, junto a él.

Moussa continúa viviendo en la habitación que la iglesia le buscó. Es perseverante en la fe a pesar de las burlas, las humillaciones y las amenazas que enfrenta constantemente. "Oren por aquellos que me persiguen, para que Dios mismo pueda transformar sus corazones y abrir sus ojos a la verdad", nos pide.