Los ataques terroristas a tres iglesias en Indonesia el pasado 13 de mayo todavía pesa en los corazones de los cristianos del país. Pero como siempre, Dios nos sorprende con los impactantes testimonios y palabras de aquellos hijos suyos que han vivido el horror de la persecución en la cara.

Puertas Abiertas, gracias a tu apoyo, está brindando ayuda financiera a más de 10 víctimas de los ataques, incluyendo a familias de fallecidos y heridos. Nuestras oraciones siguen siendo imprescindibles para ayudar a estos creyentes a recuperarse y seguir siendo testigos de Cristo a través de su mensaje de valentía, amor y perdón.

Algunas de las víctimas del triple atentado a iglesias en Surabaya (Indonesia) /Puertas Abiertas

Erwin: “Mi esposa se estaba quemando, pero siguió buscando a nuestra hija”

Cuando las bombas explotaron, Erwin (39 años) estaba con su madre en el segundo piso de la iglesia. Su esposa Fenny (34 años) estaba con su hija Clarissa de 8 años, en la escuela dominical. Cuando estalló la primera bomba, Erwin intentó mantener la calma y escoltar a su madre fuera de la iglesia. Sin embargo, mientras bajaban las escaleras, oyó a su hija llamando a su madre; había logrado llegar al segundo piso de algún modo. "La cara de Clarissa estaba cubierta de sangre. Señaló con el dedo hacia abajo musitando ‘mamá’ todo el tiempo", recordó Erwin.

Unos minutos más tarde apareció Fenny con la cara y el cuerpo completamente negros. Erwin supo después que uno de sus familiares la había salvado cuando entraba en la iglesia con su cuerpo en llamas. "Ella me dijo que reunió las fuerzas para subir al segundo piso y buscar a Clarissa. Fue increíble. Mi esposa estaba ardiendo, y aún así siguió buscando a nuestra hija. Ese es el increíble poder del amor de una madre”, dijo Erwin. Fenny sufrió un 85% de lesiones por quemaduras, y aún seguía en cuidados intensivos cuando Puertas Abiertas la visitó. 

Clarissa, aunque se lesionó frente, hombro, manos y abdomen, no fue hospitalizada. "Estaba rabioso al verla lastimada, pero es una chica muy fuerte. Ella no se queja mucho de sus heridas", dijo Erwin. Sin embargo, sigue traumatizada: le da miedo el color negro, el fuego, los sonidos fuertes o las mujeres con velo en la cabeza yendo a la iglesia.

Clarissa, hija de Erwin y Fenny, sufrió lesiones tras la explosión en su iglesia /Puertas Abiertas

Erwin se preguntaba por qué temía a las mujeres con la cabeza cubierta si el atacante había sido un hombre en un automóvil. Pero Clarissa dijo después que el día de los bombardeos vio a mujeres con velos, es decir, musulmanas. "Ahora estoy persuadiéndola de que no todas las mujeres con velo son malas", dice. La iglesia también envía consejeros para ayudar a los miembros que sufren traumas. "La parte más difícil ahora es la negación de Clarissa a visitar a su madre. La sigue recordando rodeada de humo negro. Me entristece mucho".

¿Hizo el dolor que Erwin tuviera resentimiento hacia los perpetradores? No: “Estaba enojado, al fin y al cabo soy humano. Pero no tengo ningún resentimiento. Yo era musulmán, ahora soy cristiano y la Biblia nos enseña a amar a quienes nos hacen daño".

Robby Pujianto: “La venganza no rompe el ciclo de la violencia”

Cuando estalló la bomba, Robby Pujianto (62 años) fue arrojado seis metros en dirección al púlpito desde donde estaba sentado. Se levantó inmediatamente para buscar a su madre, que había estado sentada a su lado. Y milagrosamente todavía estaba allí e ilesa. Se fueron a casa para limpiarse la cara de sangre y descubrieron que el lado derecho de su espalda estaba herido por cristales rotos. "Dolía cuando me acosté. Pero cuando recordé que Jesús fue azotado, sentí de repente que sus brazos me estaban abrazando y el dolor comenzó a aliviarse", dice.

Robby Pujianto, orando con compañeros de Puertas Abiertas. /Puertas Abiertas

Al igual que Erwin, Robby tampoco sintió enojo ni resentimiento hacia los terroristas: "Como cristianos, se nos enseña a perdonar. La venganza no nos lleva a ningún lado; el ciclo de la violencia nunca se romperá. La Biblia dice 'no dejes que el sol se ponga sobre tu enojo'".

Robby es un descendiente de chinos que dirige un negocio familiar con su hijo y cuyos trabajadores son todos musulmanes. "No siento odio hacia ellos y ellos no sienten ninguna incomodidad hacia mí. Nos llevamos bien. Los descendientes de chinos han pasado por algunos períodos difíciles en este país, pero no queremos vengarnos de nadie. De hecho, todavía estamos aquí dando empleo a muchas personas.

En el culto de adoración del domingo, en el estacionamiento, Robby se sintió un poco intimidado al entrar por primera vez en las instalaciones de la iglesia, pero dijo: “a medida que avanzaba el culto, mi temor desapareció”.