El Gobierno chino ha puesto en práctica una nueva directriz que obliga a las 'iglesias casa' evangélicas y a los colectivos católicos 'clandestinos' a someterse a 'orientación' por parte de las organizaciones religiosas reconocidas.

Según UCAN, web católica de noticias, informa que la Administración Estatal para Asuntos Religiosos emitió un comunicado a principios de junio advirtiendo de la obligatoriedad de contar con un permiso oficial de tres años para toda actividad religiosa ubicada en instalaciones provisionales.

Según Ying Fuk-ysang, profesor y director de la Facultad de Divinidad de la Universidad de Hong Kong, las organizaciones religiosas reconocidas son el Consejo Cristiano Chino y el Comité Nacional del Movimiento de las Tres Autonomías (conocidas también Three-Self Church o Three-Self Patriotic Movement).

Según UCAN, esta directriz ha suscitado inquietud entre los colectivos 'clandestinos', que temen verse sometidos a un control más estricto. Fuk-tsang dice en su página de Facebook: "Se sabe de sobra que las 'iglesias casa' son reacias a registrarse formalmente y que están dispuestas a ser ilegales para no estar bajo la autoridad de las dos organizaciones reconocidas".

Iglesia casa de cristianos de trasfondo budista en China /Puertas Abiertas

La nueva directriz obedece el reglamento religioso revisado de febrero, que establece los requisitos a cumplir por las organizaciones cristianas para registrarse o contar con un lugar oficial o legal de reunión.

Cierran cien iglesias en un mes

Aunque ese reglamento revisado lleva vigente desde principios de los 80 –informa Aaron Ma, investigador en Asia para Puertas Abiertas–, es ahora cuando se ha tenido en cuenta su aplicación con seriedad y rigor: "La convicción que hay ahora es que cualquier infracción del reglamento será castigada con una advertencia, mayor vigilancia o alguna sanción. Lo cierto es que la mayoría de iglesias creen que deben tomar precauciones, reducir el número de adscritos o incluso considerar la reubicación de alguno de sus ministerios."

Según una fuente local, el grado de imposición del reglamento revisado varía en función de las regiones y de la interpretación particular de las autoridades locales.

En la provincia oriental de Zhejiang, aunque entre 2013 y 2015 fueron retiradas más de 1200 cruces de iglesias, los líderes de las iglesias dicen: "Por ahora no notamos nada diferente, pero suena amenazador."

En la provincia de Henan, solo en marzo fueron cerradas cien iglesias. Las que tenían una instalación propia –informa Ma– fueron el primer blanco de las autoridades. Por ello, los cristianos afectados han vuelto a reunirse en casas particulares. En algunas partes de esa provincia, las autoridades prohibieron las reuniones en 'iglesias en casas' y luego fueron de puerta en puerta avisando a los residentes de no participar en reuniones religiosas 'ilegales' y amenazándoles con consecuencias graves.

El investigador Ma piensa que a veces los agentes están entre la espada y la pared, hostigados por la hostilidad de los superiores hacia los cristianos en general por un lado y por otro lado atraídos por los cristianos locales y las buenas relaciones que tienen con ellos: "Ante los últimos discursos de los máximos dirigentes, las autoridades locales no quieren parecer débiles al ejecutar el nuevo reglamento pero tampoco comprometer las incipientes pero efectivas relaciones que tienen con las iglesias locales”.

"También es posible que un aumento de la regulación dé lugar a manifestaciones o filtraciones a la prensa internacional (que suele tener prejuicios negativos para el Gobierno).  Esto obliga a las autoridades a ser muy cautelosas en su relación con la iglesia, y a que el grado de aplicación del reglamento también varíe de una región a otra, según las relaciones que mantiene con la iglesia y cómo esta responde a las nuevas presiones." Un ejemplo de cómo las autoridades locales se someten de modo aceptable al Gobierno, según Ma, son las advertencias a las iglesias no registradas a no reunirse en locales de alquiler ni adaptarlos para ese fin (es el caso de locales comerciales). Y cada vez son más las regiones que optan por esta vía y son muchos los propietarios de locales que se niegan a arrendarlos a iglesias locales.

'Una fuerza desestabilizadora'

Los dos grandes temores del Gobierno chino son que las fuerzas extranjeras se aprovechen de la religión para infiltrarse en China y que surjan disturbios o separatismo dentro del país. Por eso, desde hace mucho tiempo Pekín busca la integración de la religión en el país y exige a cualquier religión no autóctona, cuyos seguidores puedan atraer inversiones extranjeras, que se adapte a la sociedad socialista china. "Algunos –dice Ma– predicen que las religiones 'extranjeras', sobre todo el islam y el cristianismo, acabarán prescindiendo de sus vínculos externos y metamorfoseándose en religiones al estilo chino, encajando así tanto cultural como políticamente en el país.

Iglesia de las Tres Autonomías en Hangzhou con capacidad para 5.000 asistentes /Puertas Abiertas

Lo que realmente preocupa a las autoridades chinas son la afiliación con grupos religiosos extranjeros y la financiación extranjera: "En marzo el partido comunista chino (CCP) disolvió la agencia de asuntos religiosos y la colocó bajó el control directo del comité central del Partido. El comentarista católico Eric Lai ya había dicho que el objetivo del partido comunista es ‘usar la religión como herramienta estabilizadora", imitando las políticas de otros gobiernos autoritarios como el ruso. Y también para unificar su población, muy diversa en creencias como cultural y lingüísticamente. Pero antes de promover la unidad mediante la celebración de la diversidad, ha preferido una imposición de la unidad llevada a cabo en un proceso intencionado y sostenido para 'rejuvenecer la nación china' haciendo realidad el sueño del presidente Xi Jinping. La estabilidad social se tiene que conservar a toda costa".

En este escenario los cristianos son un enigma para el partido comunista –dice Ma–. "El PCC cree que la iglesia es una fuerza desestabilizadora, pero no por ser mala; de hecho, las comunidades locales y las autoridades tienden a creer lo contrario, más bien. Algunos sugieren que, al ser leales no al partido comunista sino a Dios por encima de todo lo demás, los cristianos influyen en un conflicto de intereses que potencialmente podría obstaculizar ese proceso de unificación. Otros están más preocupados por el 'caos' que podría resultar de la inmensa cantidad de cristianos.” El rápido crecimiento del número de cristianos en el país inquieta a algunos cargos del Gobierno. Según Fenggang Yang, profesor de sociología de la Universidad de Purdue y experto en religión en China, para 2030 el número de cristianos chinos podría alcanzar los 250 millones, convirtiéndose así en "la comunidad creyente más grande del mundo".

Fuente: World Watch Monitor